
REALIDADES DEL CEV
Cuando allá por junio del año pasado UGT, CCOO y STC alegremente decidieron decir SÍ a dejarnos al arbitrio de los “grandes negociadores” ya nos manifestamos claramente en contra. Lo vimos claro desde el principio y así lo transmitimos en un comunicado que ahora se ve incluso profético.
Aquí tienes algunos extractos del mismo:
“…desde CGT-SIME creemos que hay algunas claves que nos hacen tener esa sensación común:
- Primero se habló de integración, después se pasó solo a convergencia y ahora se queda en convenio único.
- La propia fórmula del “convenio único de empresas vinculadas”, que ya de por sí suena extraño, en vez del convenio único para una única empresa con un único CIF.
- La experiencia de los puntos en los que hemos convergido, que en general siempre ha sido a peor.
- El empeño de recalcar que será teniendo como referencia el Convenio Colectivo y la Normativa Laboral de TdE, como si no hubiera nada de valor en los de TME o TSOL o como queriendo avisar de que serán obviados.
- La falta de claridad en lo que realmente significa y cómo nos va a afectar (jefes, salarios, traslados, horarios, seguro médico…)…
¿Y quiénes van a negociar este convenio único? Pues aquí tenemos el meollo de la cuestión…
¿Quién decide que unas siglas concretas defenderán mejor nuestros intereses que el conjunto de todas las siglas que eligieron los propios trabajadores? …»
Y con estas premisas, en noviembre nos llegó el primer gran barrizal lleno de lodos al que dieron en llamar I Convenio de Empresas Vinculadas, eso sí, acompañado de una pequeña ‘fiesta sorpresa’ en octubre a modo de dinerito extra para seguir engatusando a la plantilla a la vez que se calmaban algunas conciencias y se tapaban bocas de las propias filas de los negociadores. Y “que no falte de na”…para celebrar las entrañables Navidades, el 24 y el 31 de diciembre días de asueto que bien se encargaron de vendernos como un logro extraordinario, cuando en realidad de todos era sabido que lo íbamos a tener de corrillo tanto con CEV como sin él.
Pero justo después llegó el mes de enero de 2016 con su dichosa cuesta y su incuestionable realidad, y es que el barrizal se había convertido en toda una cienaga. Para empezar, el 1% de la subida salarial que nos debían de 2015, por arte de birlibirloque se había reconvertido en un concepto novedoso: “masa salarial globalizada” (imaginación nunca le ha faltado a la empresa en este sentido) o lo que viene siendo lo mismo, que el dinero de lo que nos tenían que haber subido linealmente a los trabajadores de TME, se invirtió en una bolsa no se sabe muy bien de qué y que finalmente sirve para pagar conceptos que nada tienen que ver con los que aparecen en nuestras nuevas nóminas: saltos de nivel, bienios, pluses, etc., En resumen: Nuestro dinero para la “saca convergente” de la que los trabajadores de TME alcanzamos a ver el envoltorio y dando gracias.
La consecuencia de lo anterior es clara, nuestro 1% inicial de subida mermó considerablemente, así que para que no se notara mucho se le sumó la subida del 2016 y arreglado. ¿Lineal? Por supuesto que no, va a la “masa salarial globalizada” que a la empresa y sus afines les mola eso de tener un convenio único para poder repartir a todos de manera diferente pero con imagen convergente.
Y otra vuelta de tuerca: Para calcular el nivel de adscripción de TME y TSol, ¡¡¡ utilizan en realidad las tablas de 2014!!! Esto del CEV tiene que ser con COSTE CERO para la empresa, premisa y objetivo cumplido.
La embarrada definitiva, en cuanto a salario y adscripción se refiere, llegó a finales de enero con la primera nómina. Ahí la plantilla se dio de bruces con la triste realidad: una cuarta parte topada, otros tantos mal adscritos y algunos con pérdidas en “partidas menores” como las ayudas infantiles o disponibilidades.
Y cierto es que, como este CEV es una lotería, a algunos les ha tocado “la pedrea” y tienen un neto mensual con algunos eurillos más. Pero como primer resumen; con el CEV nos han ‘birlado’ nuestra subida de 2015, nos han metido en grupos de mala manera y se ha abierto la puerta para las futuras “modificaciones a la carta” que la empresa nos quiera imponer. Para que si no va a crear 13 comisiones de seguimiento.
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